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Salud y ciencia: Beneficios de la práctica de empatía

dotyJames R. Doty, M.D. () es profesor de Neurocirugía en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, también fundador y director del Centro para la Compasión y la Investigación del Altruismo (Center for Compassion and Altruism Research and Education, CCARE). El CCARE, del cual su benefactor fundador es el Dalái Lama, tiene como objetivo dar soporte a la investigación rigurosa de la compasión. El Dr. Doty colabora con científicos de diversas disciplinas examinando las bases neuronales de la compasión y el altruismo. Además, el Dr. Doty es un inventor, empresario, y filántropo. En sus acciones solidarias ha apoyado a varias caridades enfocadas en la paz y la atención sanitaria alrededor del mundo, también ha apoyado una variedad de iniciativas de investigación  y ha proporcionado becas y cátedras en varias universidades.

La práctica de la empatía: estudios científicos y beneficios

En el siguiente artículo de la edición inglesa del Huffington Post, James R. Doty, director del Center for Compassion and Altruism Research and Education de la Universidad de Standford, nos indica desde la ciencia lo importante que puede ser desarrollar la compasión tanto a nivel físico, mental como social.

Comillas[3] Si decimos que la práctica de la compasión es algo sagrado, entonces nadie escucha. En cambio, si decimos que hay evidencias que desarrollar el buen corazón y ser bondadoso reduce la tensión, la ansiedad, el estrés y que mejora la salud, entonces, la gente sí presta atención.

La ciencia de la compasión
James R. Doty, M.D

¿Por qué en un país como Estados Unidos, que consume el 25% de los recursos mundiales, hay una epidemia de soledad, depresión y ansiedad?

¿Por qué hay tanta gente en occidente que tiene todas las necesidades básicas cubiertas y sin embargo, se siente empobrecida?

Ante estas preguntas algunos políticos nos podrían responder: «Es la economía, estúpido»; en cambio, desde la evidencia científica una mejor respuesta seria: «Es la falta de compasión, estúpido».

Recientemente atendí a la ceremonia de entrega del Premio Templeton a su santidad, el Dalái Lama, que se celebró en la Catedral de St. Paul en Londres. Desde ese día he estado reflexionando sobre las palabras que pronunció el Dalái Lama en una conversación que mantuvo con Arianna Huffington: «Si decimos que la práctica de la compasión es algo sagrado, entonces nadie escucha. En cambio, si decimos que hay evidencias que desarrollar el buen corazón y ser bondadoso reduce la tensión, la ansiedad, el estrés y que mejora la salud, entonces, la gente sí presta atención». Como director del Center for Compassion and Altruism Research and Education (CCARE) en la Universidad de Stanford, una de las dos organizaciones reconocidas por el comunicado de prensa del premio Templeton, estoy de acuerdo con el Dalái Lama.

¿Qué es exactamente la compasión? La compasión consiste en reconocer el sufrimiento de otro y tener el deseo de aliviarlo. A menudo la compasión ha sido tachada como una palabra religiosa, usada por los jipis, que es totalmente irrelevante en la sociedad moderna. En cambio, nos encontramos que rigurosos datos empíricos constatan la visión sobre la compasión que han sostenido las principales religiones del mundo: la compasión es buena.

En occidente, la pobreza no reside en el billetero, sino más bien en el sentido de interconexión social. En la sociedad moderna, es común que el padre y la madre trabajen y como consecuencia compartimos menos tiempo con la familia. La gente, cada vez más,  vive más lejos de su núcleo familiar y, tal vez, se siente más desconectada que nunca, tal y como sugiere Robert Putnam en Bowling Alone. Putman expone que las personas prosperamos bajo circunstancias de interconexión social; sin embargo, hoy en día dichos lazos de confianza y compromiso con los demás están en declive en nuestra sociedad. Una consecuencia de ello, es que la sensación de soledad se va extendiendo entre las personas y está es una de las principales razones que lleva a la gente a buscar ayuda psicológica.

La expansión de la soledad que he mencionado, se revela en los datos de una encuesta que mostró que el 25% de los americanos sienten que no tienen a nadie lo suficientemente cercano con quien compartir un problema. Esto significa que una de cada cuatro personas con las que nos cruzamos durante el día, no solo no tiene a nadie con quien hablar, sino que dicha soledad también tiene consecuencias negativas para su salud. Steve Cole, científico neurogenético social de la Universidad de UCLA, ha demostrado que a nivel genético la soledad conduce a un perfil de inmunidad frente al estrés más bajo; es decir, la expresión de dicho perfil genético, les hace más vulnerables a procesos inflamatorios que son nocivos para la salud. En otro estudio, realizado por los psicólogos Ed Diener y Martin Seligman, expertos en el ámbito del bienestar, se indica que el sentido de interconexión social es un indicador de: una vida más larga, una recuperación más rápida frente a la enfermedad, niveles más altos de felicidad y bienestar, y una vida más plena y con sentido. Estos datos también son apoyados por un estudio a gran escala que mostró que la falta de sentido de interconexión social pronostica una mayor vulnerabilidad a la enfermedad y a la muerte frente a factores tradicionales de riesgo como el tabaco, la presión arterial, la obesidad y la falta de actividad física.

Mientras que muchas personas, con el objetivo de mejorar su salud, prestan atención a su dieta y van regularmente al gimnasio, ignoran que sentirse conectado socialmente es un factor importante en esta búsqueda y la compasión nos puede ayudar a ello. De hecho, la compasión se puede desarrollar y mantener con entrenamiento como si fuésemos al gimnasio. Chuck Raison y sus compañeros de la Universidad de Emory han demostrado que practicar la meditación sobre la compasión de forma regular reduce las respuestas neuroendocrinas, inflamatorias y de comportamiento negativas ante al estrés psicosocial. La práctica de la compasión no solo fortalece la compasión en uno mismo sino que conlleva un sinfín de beneficios para uno mismo y los demás. De hecho, Jonathan Haidt de la Universidad de Virginia junto a otros científicos,  han demostrado que no somos únicamente nosotros los receptores de los beneficios de la compasión, sino que los demás se sienten inspirados cuando ven acciones compasivas y por consiguiente se vuelven más propensos y deseosos de ayudar a los demás, lo que lleva a una espiral de retroalimentación positiva.

Como seres humanos, de forma inevitable en algún momento experimentaremos sufrimiento en nuestras vidas; sin embargo, ante tal sufrimiento también hemos desarrollado mecanismos sociales específicos para aliviarlo como recibir muestras de altruismo y  compasión. Es relevante indicar que nuestro dolor no solo se alivia al recibir la compasión de los demás. Stephanie Brown, profesora de SUNY y de la Universidad de Michigan, ha demostrado que desarrollar y sentir compasión hacia los demás y ayudarlos conlleva un gran bienestar físico y mental en nosotros mismos. Además, el estudio muestra claramente que a pesar de que a corto plazo la supervivencia del más fuerte puede comportar un logro, a largo plazo la supervivencia del más bondadoso lleva a una mayor preservación de la especie. En definitiva, el factor que ha hecho que nuestra especie llegue tan lejos es nuestra habilidad de permanecer juntos como grupo, de apoyarnos y ayudarnos los unos a los otros, la cooperación y el hecho de comunicarnos para llegar a una comprensión mutua.

La compasión puede ser considerada un instinto. Investigaciones recientes han mostrado que incluso animales, como las ratas y los monos, son capaces de llevar a cabo grandes esfuerzos y asumir un gran costo, para ayudar a otro animal que sufre de su misma especie. Los seres humanos podemos ampliar y desarrollar más nuestra compasión que los animales, ya que nuestros cerebros están preparados para ellos.

En el Center for Compassion and Altruism Research and Education (CCARE) de la Universidad de Stanford y en colaboración con los compañeros en el ámbito de la psicología y la neurociencia a nivel mundial, tenemos el propósito de ampliar las investigaciones sobre la compasión y altruismo. El pasado julio, el CCARE patrocinó el encuentro “La Ciencia de la Compasión: orígenes, medidas e intervenciones”. En el que se dieron cita los grandes expertos en el campo de la compasión.


Artículo publicado originalmente en ingles para The Huffington Post:
http://www.huffingtonpost.com/james-r-doty-md/science-of-compassion_b_1578284.html

Adaptado para EDA desde la versión en español de:
http://equilibrio-emocional.es/ciencia-compasion

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